La Escuela Familiar Agraria El
Soto, obra social de Caja Granada, lleva 35 años ofreciendo a muchas personas
del medio rural -sobre todo jóvenes- la posibilidad de promocionarse personal,
laboral y socialmente. Ya han pasado 2.000 alumnos por sus aulas, en sus
diferentes programas: formación profesional, ocupacional, formación permanente
y clases de apoyo a inmigrantes.
Los estudiantes de la EFA El
Soto proceden de cientos de pueblos de Granada y de otras provincias, sobre
todo de Andalucía oriental. Sus promotores, fijándose en instituciones
similares de Francia e Italia, apostaron por el medio rural conscientes de que
tradicionalmente sus jóvenes han contado con menos oportunidades que los
habitantes de los grandes núcleos urbanos y promovieron escuelas en diversas
zonas de España (37). En el caso de Andalucía, se sitúan en Granada, Almería, Córdoba
y Sevilla.
Cuando se gestaron las EFAS en
España, en los años 60, el medio rural era casi exclusivamente agrícola. No había otras
alternativas. La agricultura estaba muy atrasada, el nivel educativo y cultural
de los agricultores era muy bajo, y muchos jóvenes del campo no tenían apenas
estudios. Faltaban escuelas. Funcionaban unos "profesores a domicilio",
carentes de titulación, que recorrían en bicicleta las zonas rurales para
enseñar a leer y a escribir a los jóvenes, previo pago de unas módicas
cantidades de dinero que desembolsaban con sacrificio las familias: muchas de ellas
vivían en chozas, construidas fuera de toda legalidad en las cañadas. Varios de
los primeros alumnos de las EFA de Andalucía pertenecían a estas familias.
En ese contexto, no fue fácil sacar
del terruño a jóvenes que en muchos casos eran y son el principal apoyo para el
cultivo o el negocio familiar; no ha sido sencillo en muchos casos convencer a
los padres de que la mejor inversión es la formación, y de que las nuevas
perspectivas no sólo contribuyen a mantener rentable el propio negocio, sino
que también permiten acrecentarlo y adoptarlo a las circunstancias, tan
cambiantes, de la vida. Pero la EFA se llama familiar porque ha contado siempre
con las familias, visitando casa por casa para explicar a los padres la
conveniencia de que sus hijos no se queden en la Enseñanza Secundaria
Obligatoria (ESO) o la Formación Profesional inicial y logren unos títulos que
amplíen sus horizontes laborales; horizontes que redundan en beneficio también
de la propia familia, el pueblo y toda la comunidad andaluza. La EFA va a las
familias y las familias van a la EFA, donde participan cada año en varias
fiestas y encuentros.
El obstáculo de las distancias
-los alumnos proceden de las más variadas y lejanas localidades- se ha paliado
con el alojamiento que ofrece la EFA, de modo que los estudiantes alternan
períodos en su casa con otros en la propia escuela, donde pueden dormir, comer,
asistir a las clases, estudiar y hacer deporte. En los últimos meses se han
acometido una serie de reformas en la EFA El Soto que han logrado una residencia
mucho más confortable.
La principal línea educativa de
la EFA es la formación profesional de los jóvenes. Actualmente se imparte un
ciclo formativo de grado medio de trabajos forestales y conservación del medio
natural, y un ciclo de grado superior de organización y gestión de los recursos
naturales y paisajísticos. Sus alumnos desarrollan prácticas, ya durante su período
académico, en más de un centenar de empresas andaluzas, y han encontrado
trabajo prácticamente el 100% de los egresados -incluso antes de terminar los
estudios-, algo especialmente relevante también para jóvenes cuyos padres se
encuentran en desempleo. Alumnos de la EFA han decidido seguir estudios
universitarios y varios de ellos son los actuales profesores de la escuela.
Tertulias con profesionales de
muy variados ámbitos, viajes de estudio, relaciones con EFAS de España y otros
países del mundo, la convivencia entre ellos y profesores ayudan a cada uno a
sacar lo mejor de sí mismo.
Pero en El Soto saben que no
sólo los jóvenes precisan de un reciclaje educativo: hay muchas personas que
están en paro o que necesitan incorporar a su curriculum nuevos conocimientos.
De ahí que desempleados y desempleadas y profesionales de diversos ramos han
podido asistir allí a cursos que los capacitan para obtener un trabajo o
mejorar el que ya poseían. En esta línea están por ejemplo los cursos para
empleado de oficina, de inglés para la atención al público o el de experto en
nóminas y seguridad social. Estos cursos tienen
posibilidad de becas de transporte, guardería, y minusvalía, y el curso de
empleado de oficina incluye prácticas en empresas a su finalización.
Los tiempos cambian, y en los
últimos años la población inmigrante ha arribado a nuestras costas buscando
oportunidades de las que carecían en sus países de origen. La EFA no ha querido
obviar esa situación, y ha puesto en marcha unas clases de apoyo para hombres y
mujeres inmigrantes escolarizados en el medio rural pero que necesitan un plus
de atención para no quedarse atrás en el proceso educativo.
Desde 1973 la EFA El Soto está
embelleciendo nuestra tierra, tanto porque ha contribuido al cuidado del
paisaje rural como porque ha favorecido el mejoramiento como personas de muchos
ciudadanos y ciudadanas.
La Escuela Familiar Agraria El
Soto de Chauchina ha luchado y lucha contra la pobreza, la ignorancia y la indefensión de
la gente del campo en numerosos lugares con la mejor arma que existe: el
trabajo y la formación, que contribuyen también a mejorar la vivienda, la
salud, la alimentación, el aislamiento y el retraso técnico y cultural de
muchas personas. ¿Por qué abandonar la propia casa, la propia tierra si en el
propio medio se puede lograr la capacitación necesaria? El 90% de los
estudiantes de la EFA vuelven a sus pueblos apoyando a la mejora desde dentro
del medio rural.
Chauchina, Granada, Andalucía:
su pueblo y sus autoridades deben sentirse muy orgullosos de la EFA.